Archivo de la categoría: Periodismo Literario

Desaparece el agua en Charcos de Risa*

Francisco I. Madero  • Luis Alberto López

Abraham Ramírez González tiene 42 años y ha vivido siempre en el ejido Charcos de Risa, según recuerda, esa comunidad destacaba por los más de diez estanques que solían abastecerlos de agua para el consumo humano y de sus animales.

Hoy, los estragos de la sequía no han dejado ni la sombra de lo que alguna vez fue ese poblado del Valle de Acatita.

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‘Juan, vos nunca vas a ser poeta’*

Los límites del lenguaje no son los del alma, afirma

Jorge Ricardo

Ciudad de México  (25 enero 2012).- Hubo un temblor, apenas perceptible. Vino de alguna zona profunda de la Tierra y suspendió por un momento la entrevista. Luego dijo: “Mire, no sé si he sido claro; en lo que usted me hace pensar son cosas que para mí todavía son muy oscuras, me pasa algo y no sé qué es, que siento un ruido acá en la oreja, raro, y me pongo de mal humor y con el tiempo me doy cuenta que tengo algo adentro que necesita ser nombrado”.

Juan Gelman (Buenos Aires, 1930) lo ha sentido tantas veces. El Fondo de Cultura Económica acaba de publicar su Poesía Reunida, la primera versión completa de su obra, de Violín y otras cuestiones (1949-1956) a El emperrado corazón amora (2010). Dos tomos, mil 370 páginas. Continuar leyendo


Chicas Kaláshnikov*

Un recorrido por los relatos de mujeres que dejaron una vida común para dedicarse a ser sicarias en Ciudad Juárez.
 

Por Alejandro Almazán / Fotografía de Adrián Duchateau

UNO

Nos han dejado solos en el patio de la prisión, y lo primero que le pregunto a Yaretzi es cuánto cobraría por matarme. Ella me mira como se mira al muerto que no es de nadie, con el rostro impasible, de retablo, y luego, con ese aire de femme fatal que a cualquiera doblegaría, dice: “Vales lo mismo que toda la demás gente, nada”. Parece que la chica goza herir con saña, pero aunque su voz sea suave tiene mucha autoridad. Hace unos siete años, cuando Yaretzi cumplió los dieciocho, adquirió cierta habilidad en una escuela militar: matar con pistola. Esas manos talentosas la llevaron a conocer al narco del pueblo. Un narco que, como Dios manda, recluta a quien tenga el valor suficiente para jalar un gatillo y la imperiosa necesidad de ganarse unos dólares. Él le enseñó otros trucos, como torturar, disparar ráfagas de coche a coche, secuestrar y desaparecer a las personas. Yaretzi iría por su muertito veintiséis, pero los guachos la arrestaron por traer dos cuernos de chivo en bandolera. Por eso estamos en el patio de esta cárcel, de cuya ubicación no debo acordarme.

Esta chica de estatura corta y moral alta empezó a matar al por mayor cuando se rompió el estricto orden que había alrededor de la muerte. Porque al menos aquí en Chihuahua, la muerte llegó a tener sentido antes de que Vicente Carrillo se uniera a los Zetas para acabar con el Chapo Guzmán. Antes, a uno le estallaban los sesos por perder un cargamento, por chivato o por no entender que la traición y el contrabando son cosas incompartidas. La colega que me ha acompañado a la prisión dice que aquéllos sí fueron buenos tiempos. Hoy, como más tarde me lo hará saber Yaretzi, ya no importan nombres ni razones. “Los que sicariamos no necesitamos motivos”, dirá y se echará para atrás esa cabellera negra y limpia que no perdona al viento. Matar por capricho, pensaré cuando esta artista de la muerte se marche a su celda, se ha vuelto el verbo favorito del México contemporáneo y la vida únicamente es el complemento para conseguirlo. Continuar leyendo


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